por Germán Puerta Restrepo
gpuerta[arroba]astropuerta.com.co
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En el siglo XXI se han multiplicado los desastres naturales asociados al cambio climático producido por el calentamiento global. Olas de calor, de frío, aguaceros torrenciales, sequías extremas, huracanes, avalanchas, han causado la muerte a cientos de miles de personas, millones de damnificados y desplazados, y daños económicos inmensos. ¿Ha cambiado el clima como resultado de un ciclo natural de la Tierra y el medio ambiente del sistema solar? ¿El cambio climático es mas bien la consecuencia de las acciones humanas?
Por un lado la evidencia científica muestra que nuestro planeta se ha calentado de manera gradual desde la última glaciación hace 10,000 años, en promedio un cuarto de grado centígrado cada cien años hasta el siglo XIX. Sin embargo, desde el inicio de la Revolución Industrial en el siglo XVIII la tendencia cambia para acelerarse en forma dramática en las ultimas décadas. La contaminación ambiental es el factor decisivo pues los gases arrojados a la atmósfera por la actividad humana, dióxido de carbono (CO2) principalmente, contribuyen a incrementar la temperatura de la Tierra por el denominado ‘efecto invernadero’: la estructura molecular del CO2 y otros gases contaminantes atrapan el calor cerca de la superficie del planeta que de otra manera escaparía de vuelta la espacio exterior.
Antes de la Revolución Industrial, nuestra atmósfera contenía alrededor de 280 partes por millón (ppm) de CO2, una cantidad normal para un planeta que ha ajustado su termostato natural, la vida en continentes océanos y toda su actividad, a esta cantidad, lo que equivale a una temperatura global media de 13,5ºC. Pero desde que comenzamos a quemar petróleo, gas y carbón, la cifra de CO2 en la atmósfera de disparó: 315 ppm en 1958, 380 ppm en 2009 y aumenta en casi 2 ppm por año. Esto aceleró el calentamiento global de la Tierra que ahora ronda los 15ºC actualmente, lo suficiente para entre otras cosas derretir casi todo lo que estaba congelado, modificar los patrones usuales del clima, y algo más dramático: el aumento de los niveles oceánicos. Desde 1850 el nivel medio de los mares del mundo ha aumentado 20 cms y como van las cosas en 2050, con una temperatura media mundial de 17º C, aumentaría otros 30 cms, lo cual inundaría ciudades, islas y pueblos costeros en todo el globo, desplazando millones de personas y salinizando muchas fuentes de agua potable.
La cifra de 450 ppm de CO2 en la atmósfera es un límite que no podemos cruzar pero al ritmo actual llegaríamos a este escenario en apenas 30 años. Y el asunto se ha complicado desde que naciones como Rusia, India, Brasil y China realizaron sus propias ‘revoluciones industriales’ con inmensas poblaciones exigiendo un crecimiento económico acelerado. Basta mencionar como ejemplo que en 2007 los chinos construían en promedio una termoeléctrica alimentada por carbón ¡cada semana¡
Además, desde 1950 la población mundial se ha duplicado y en la actualidad el número de habitantes ronda los 6.000 millones. Las causas del acelerado crecimiento de la población son múltiples pero la primordial es la disminución de la mortalidad como consecuencia de los avances sanitarios, económicos y tecnológicos que posibilitaron el incremento en los años de vida. Así, sin mayores cambios, en 2050 seríamos 9.000 millones y 12,000 millones para fin de siglo, y esto es demasiada gente ejerciendo una presión exagerada sobre los recursos del planeta.
Lo peor es que no importa que hagamos ahora para revertir o acaso mantener estable la situación ambiental, el calentamiento continuará aumentando por varios años más pues los gases de efecto invernadero tienen una larga vida en la atmósfera y las acciones tendrían su efecto en el futuro. En todo caso los expertos aseguran que las emisiones de CO2 tienen que reducirse por lo menos a la mitad en los próximos 50 años para evitar el desastre. Esencialmente lo que hay que hacer es una combinación de novedosas técnicas y nuevos hábitos. En 2060 circularán 2,000 millones de vehículos que no deberían moverse impulsados por gasolina, habría que almacenar bajo tierra el CO2 despedido por la centrales termoeléctricas, e incrementar la proporción de la energía derivada de las centrales nucleares y de otras fuentes alternativas (eólica, solar, geotérmica, biocombustibles). También tendríamos que detener de inmediato toda la deforestación, considerando que en los últimos 10 años se han talado en el mundo bosques en un área equivalente a la extensión de Italia mientras que la desertificación sigue su progreso.
El problema es que lograr que los países industrializados y las grandes naciones emergentes, -los principales contaminadores-, reduzcan sus emisiones de gases causantes del efecto invernadero no es sencillo pues las medidas tienen altos costos económicos y políticos, en todo caso mucho menores que el de los daños causados. Por ello el fracaso en lograr el pacto de compromisos y alcanzar las metas establecidas en las cumbres mundiales sobre el asunto en Río de Janeiro (1992), Kioto (1997), Johannesburgo (2002) y Copenhague (2009).
¿Fin del mundo? !!!El fin del mundo ya llego para los osos polares ¡¡¡








